La escalada bélica en Medio Oriente acaba de pegar de lleno en uno de los puntos más sensibles para la economía argentina: el costo del gas que deberá importar para atravesar el invierno. El golpe sobre el mercado del gas, tras los ataques iraníes contra instalaciones clave en Qatar y el agravamiento del riesgo sobre el suministro regional, ya empezó a trasladarse a las previsiones de inflación, a las decisiones de los bancos centrales y a las perspectivas de crecimiento de la eurozona. Los ataques iraníes contra el complejo gasífero de Ras Laffan, en Qatar, provocaron un sacudón global en el mercado de LNG y empujaron con fuerza los precios de referencia en Europa, justo cuando la Argentina se prepara para definir su cobertura estacional. En ese marco, el temor no es sólo una suba puntual de tarifas, sino una persistencia mayor del costo energético que termine filtrándose a salarios, alimentos, logística e industria, justo cuando varias economías del continente todavía no logran despegar con fuerza. En el plano político, los líderes europeos llegaron a la cumbre de Bruselas pidiendo una salida a la guerra y una rápida desescalada. Esa suba es la que importa especialmente a la Argentina, porque el TTF funciona como una referencia central para valuar el LNG que luego termina llegando en metaneros al sistema local. En términos argentinos, la noticia pega en el peor momento posible. Energía Argentina lanzó el 4 de marzo de 2026 una licitación pública nacional e internacional para seleccionar un agente comercializador-agregador privado que se encargue de importar LNG y venderlo como gas regasificado en el mercado interno durante el período invernal, utilizando la terminal de Escobar. El Banco Central Europeo mantuvo este jueves sus tasas sin cambios en 2%, pero revisó con fuerza al alza su pronóstico de inflación para 2026, llevándolo a 2,6% desde el 1,9% previsto en diciembre. El precio del gas europeo de referencia en el mercado TTF se duplicó desde el inicio de la guerra, el 28 de febrero, y el 19 de marzo llegó a tocar los 74 euros por MWh, mientras el petróleo Brent también operó en niveles muy superiores a los previos al conflicto. La clave del problema está en Ras Laffan, el gran nodo exportador de LNG de Qatar, cuya capacidad quedó afectada tras la ofensiva iraní. Aunque el mayor precio del petróleo puede aportar más divisas por exportaciones de crudo, el mercado del gas es mucho más rígido y vulnerable que el del petróleo. Reuters destacó que Noruega y Estados Unidos, dos proveedores clave para Europa, ya operan cerca de su capacidad y no pueden compensar rápidamente un agujero como el que dejó Qatar. Por otro, reducen el margen de maniobra de los bancos centrales, que ya no pueden pensar sólo en la debilidad del crecimiento, porque vuelven a enfrentar un brote inflacionario importado. En otras palabras: Vaca Muerta alivió la cuenta, pero todavía no blindó a la Argentina de un shock geopolítico global. El impacto final sobre el bolsillo dependerá de una decisión política central. La diferencia es que llega con menos margen político, con economías todavía débiles y con bancos centrales obligados a caminar por una cornisa cada vez más estrecha. La señal es clara: para Europa, esta guerra ya dejó de ser un problema lejano. Dentro de ese cuadro, España aparece mejor posicionada que buena parte de sus socios para absorber el golpe, sobre todo por el mayor peso de las energías renovables en su matriz eléctrica. Si el Gobierno decide absorber buena parte del salto internacional mediante subsidios, el costo caerá más sobre las cuentas públicas y la necesidad de divisas. El canciller alemán Friedrich Merz subrayó el efecto negativo que ya tienen los precios energéticos sobre la economía europea, mientras el presidente francés Emmanuel Macron pidió una moratoria sobre ataques a infraestructura y objetivos civiles. Ahora, con el mercado internacional mucho más tensionado, cualquier planificación invernal parte de una base de costos bastante más alta. La paradoja es que el país había logrado bajar parcialmente su dependencia externa gracias a la infraestructura local. Reuters consignó que la ampliación del gasoducto troncal Perito Moreno busca sumar 14 millones de metros cúbicos diarios a una capacidad que ya venía en torno de 26 millones, precisamente para reducir importaciones caras y mejorar la balanza energética. El dilema es especialmente incómodo para una administración que busca sostener el equilibrio fiscal, pero al mismo tiempo evitar que un nuevo shock energético complique todavía más la desaceleración de precios. Según Reuters, el daño obliga a sacar de servicio alrededor del 17% de la capacidad exportadora qatarí durante un plazo estimado de entre tres y cinco años, una cifra que ayuda a entender por qué el mercado reaccionó con tanta violencia. Qatar es un actor central del comercio mundial de gas natural licuado, y cualquier alteración seria en su oferta repercute inmediatamente en Europa, aunque el continente no dependa de ese origen en forma exclusiva. Ese encarecimiento energético ya empezó a modificar el tablero monetario. Eso obliga a una competencia más dura por los cargamentos disponibles y deja a compradores estacionales, como la Argentina, en una posición más delicada frente a países con mayor poder de pago. El saldo, entonces, es inquietante. La guerra no sólo sacudió el tablero militar del Golfo; también encareció uno de los insumos más sensibles del invierno argentino. Tarde o temprano, también termina llegando a las cuentas públicas, a la balanza energética y al bolsillo de los argentinos. El Banco de Inglaterra decidió dejar la tasa en 3,75%, pero advirtió que la inflación británica podría subir hasta 3,5% en los próximos trimestres si persiste el shock energético. En 2024, además, la Argentina había reducido sus importaciones a 1,5 millones de toneladas, el nivel más bajo desde 2019, favorecida por una mayor oferta doméstica desde Vaca Muerta y por la mejora del transporte interno. Aunque el alza del gas internacional también la afecta, el impacto sobre la electricidad es relativamente más acotado porque una mayor proporción de su generación depende de eólica, hidráulica y otras fuentes no atadas directamente al gas. El efecto es directo: el gas importado será bastante más caro y la discusión de fondo vuelve a quedar planteada entre subsidios, tarifas y presión fiscal. El golpe externo no es menor. Qatar Energy informó que los ataques dañaron dos de sus catorce trenes de licuefacción y una planta de gas a líquidos, lo que dejará fuera de servicio alrededor del 17% de la capacidad exportadora de LNG de Qatar durante entre tres y cinco años. Por un lado, los precios más altos de gas y petróleo pegan sobre hogares, empresas y transporte. Buenos Aires, 19 de marzo de 2026-Total News Agency-TNA-Europa volvió a entrar en zona de inquietud económica por el nuevo shock energético derivado de la guerra en Medio Oriente. Esa tensión no es teórica: el encarecimiento del LNG coincide con un momento en que el costo de la energía volvió a transformarse en variable macroeconómica de primer orden. También hay una lectura más amplia. Y aunque el país haya avanzado en producción local y transporte desde Vaca Muerta, la dependencia residual del LNG vuelve a exponerlo a una verdad incómoda: cuando arde Ras Laffan, el impacto no queda en Qatar. La jefa de la diplomacia de la Unión Europea, Kaja Kallas, advirtió que los ataques iraníes a infraestructuras energéticas en Qatar generan más caos y reclamó evitar una espiral mayor. El patrón común es evidente: la energía vuelve a ser el factor que condiciona la política monetaria europea. El problema para Europa es doble. Ese diferencial no la vuelve inmune al shock, pero sí le da un escudo parcial frente a un escenario que castiga con más dureza a los sistemas más dependientes de combustibles fósiles importados. También corrigió el cálculo para 2027 a 2,0%, y rebajó su estimación de crecimiento de la eurozona para 2026 al 0,9%, frente al 1,2% anterior. Es un cambio importante respecto del esquema que predominó en años anteriores, porque el Estado delega ahora la compra y comercialización en un operador privado, aunque la necesidad física del combustible sigue estando allí. El antecedente inmediato ayuda a medir la vulnerabilidad. La explicación oficial fue directa: la guerra y la suba de la energía obligan a recalcular tanto precios como actividad. La situación no se limita al bloque del euro. El continente ya había atravesado algo similar tras la invasión rusa a Ucrania; ahora, con el nuevo foco de inestabilidad en el Golfo, vuelve a enfrentarse al mismo dilema. Pero esas obras no eliminan por completo la necesidad de comprar LNG en invierno, sobre todo cuando picos de demanda residencial y generación térmica obligan a reforzar el sistema. En 2025, Enarsa había cerrado la compra de 22 cargamentos de LNG por aproximadamente US$ 567,5 millones, según informó GIIGNL.
Ataques iraníes en Qatar disparan precios del gas y generan alarma en Argentina
La escalada bélica en Medio Oriente provocó un shock global en el mercado de LNG tras ataques iraníes a instalaciones clave en Qatar. Esto disparó los precios del gas en Europa, una mala noticia para Argentina, que se prepara para el invierno. El país, que redujo su dependencia de importaciones, ahora enfrenta el riesgo de mayores costos energéticos, que podrían alimentar la inflación y presionar las finanzas públicas.